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La abuela usa unas bragas que yo me podría poner como un body. He conseguido renovar su aspecto exterior pero es intransigente con respecto a sus bragas. Jamás se pondría una de esas braguitas mías que dejan todo el culo al aire...
Un día, sin embargo, la pillé sujetando en alto y examinando lo que creía unas bragas mías, a lo mejor, pensando: "estas son más cumplidas, ¿no me vendrían bien a mí?"
Son de él -le dije-
Eran unos gayumbos de mi marido. Se los regalé una navidad y aunque al principio él se mostró reticente: "parecen unas braguitas!" enseguida dejó de lado los clásicos de algodón blanco con gruesas costuras y abertura al lado para sacarla por ahí al ir a mear y que según él nunca se usa
Dice de éstos que le sujetan el paquete con extrema suavidad. Las costuras no se clavan. Y basta con hacerlos un poco a un lado para tener todo el "avío" fuera. Alta tecnología de bragas aplicada a la ropa interior masculina. Un signo más de la evolución del hombre
La abuela volvió a dejarlos en la pila de plancha con una cara de alucinada -boca en O- y una sonrisilla que ponía claramente en entredicho la masculinidad de mi marido. Pero de no intervenir yo se las habría probado, estoy segura y quién sabe sino le habría dado por andar por ahí con calzoncillos de hombre.
Casi me arrepiento. Ahora va un poco perdida, la pobre. No sabe quién lleva los calzoncillos en casa. Y mezcla mis braguitas con los gayumbos de él en el mismo cajón. Son ésos que véis en la foto: marca UNNO, comprados en el mercadillo a muy buen precio. Tienen alegres colores.
Lo peor de todo esto: que la frenará a la hora de cambiar su ropa interior. De dar ese salto evolutivo.
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LA ABUELA...
Como ya sabréis, hay una serie bastante picante: Hund (superdotado) que emiten por canal Plus. Mi Marido y yo la disfrutamos un poco a escondidas la noche de los lunes. La emiten bastante tarde así que no están los niños y tampoco solía estar la abuela aunque efectivamente: ella es ya mayor de edad.
Una noche, sin embargo, coincidimos los tres en el sofá en el momento de su emisión. La abuela no daba crédito: su cabeza no dejaba de moverse haciendo no al contemplar las atrevidas escenas de sexo. Pero no se movió del sofá. Resultó un poco embarazoso, la verdad. Sobre todo cuando el Gigoló se puso a practicarle un cuninlingus a una clienta...
Me di cuenta de que la abuela contemplaba la escena sin pestañear. Me pregunté qué pasaría por su cabeza en aquel momento, qué tecla habría pulsado en su limbo esa visión, qué fantasía o...qué recuerdo, para quedarse tan abstraída y no darse cuenta de que mi marido y yo nos tronchábamos de verla
El siguiente lunes, ninguno de los tres faltó a la cita pero Hund no se presentó. Luego supe que había terminado la temporada. Pero la abuela, ahora, por si acaso, no abandona el salón hasta que apagamos el televisor.
Cuando la repongan, veo a la abuela enganchada a Hund.
HUND...
Con un divorcio que no acaba de asimilar. Con dos hijos de lo más rarito que precisan doble de moral y de dinero que él no puede proporcionar porque tiene un trabajo inestable, se le ha quemado la casa y vive en una tienda de campaña, no es raro que esté con la moral por los suelos.
Sólo su polla es un valor al alza... Fue una compañera de traumas la que vislumbró el negocio, tras haberla probado, claro, y le animó a hacerse gigoló para salir del hoyo económico, convirtiéndose ella en su proxeneta.
Todo es bastante divertido. El tema de la prostitución, para variar, está tratado con una inversión de roles bastante improvabable pero que se agradece. De todos modos hay cosas que no cambian: hasta el momento a él sólo le hemos visto el culo y gracias, mientras que ellas lo enseñan todo y cabalgan como jacas desbocadas...
Y sospecho que nunca "se la veremos" O veremos sólo su reflejo, en los rostros alucinados y perplejos de sus clientas cuando le echan la vista encima: a todas se les levantan las cejas, entreabren la boca y la miran con golosos globos oculares dilatados.
La serie está interpretada por Thomas Jane y Jane Adams




