Chanel número cinco

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Le Jeudi 23 p.m (cuando me ha dejado el computador)

La primera vez que oí hablar del "número cinco" pensé en cañerías rezumando porquería y mal olor. No es que sea tan pesimista pero se precisa una mentalidad socarrona y un lenguaje eufemístico para sobrevivir en este oficio.
Lo siguiente que supe fue que se trataba de unos barracones que funcionaban provisionalmente como un colegio y eso no hizo más que confirmar mis temores. Soy bastante escrupulosa.
Pero he limpiado ahí en varias ocasiones y nunca he percibido mal olor. En realidad se trata de barracones de última generación con aire acondicionado y todas las prestaciones.
Pregunté a mi compañera si sabía algo del tema.
Dijo que no.
Así que la cosa huele bien aunque parezca una ironía.

El trabajo es cómodo y fácil si te das un poco de brío. Hay siete barracones -otra cosa que no encaja con el cinco del Chanel- aulas, biblioteca, comedor, guardería.
Sarah es un poco lenta y no muy concienzuda con la bayeta. Pero por otro lado es muy comprensiva:
no puso objeción cuando le propuse adelantar la hora de la pausa para el refrigerio.
Tampoco ha planteado ir a otro lugar que no sea la cafetería que hay frente al colegio de mi hijo. Parece que se ha cebado con las magdalenas.

Aparte de poder ver al niño entrar al cole como todas las demás mamás, el cafetito posterior con las otras mamás es fundamental para una madre si quiere estar bien informada.
Es en este lapso de tiempo, justo después de dejar a los niños en la escuela, cuando te enteras de lo fundamental. Se cruza información sobre eventos, calendarios de cumpleaños, actividades extraescolares y chismes fundamentales en tiempo real.
Sarah parece no enterarase de nada. Su silenciosa presencia se nota en todas las conversaciones. Mis amigas ya se han acostumbrado a ella. Y ya hay quien dice que parecemos la señora y su doncella. -No me atrevo a decirle que se mude para ir a la cafetería, como yo-

Madame Blanche