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foto IRUMA
ayer noche -serían eso de las diez o diez y media- cenábamos mi marido y yo junto con uno de nuestros hijos y una amiga de la familia en un restaurant improvisado en el paseo marítimo en el contexto del mercadillo medieval
comíamos frente al mar en una mesa dispuesta al borde de la arena de la playa. Veíamos las olas romper delante nuestro a excasos cien metros Un acróbata ejecutaba su danza espectacular a excasos metros nuestros. Los platitos de carne asada y empanadillas criollas llegaban a nuestra mesa junto con cerveza fría -y agua para el niño- Fueron unos momentos insuperables, extasiantes por algunos momentos diría yo
entonces allá al fondo en la extensión de arena apareció un joven de raza negra. Habiendo llegado a la carrera, se medio ocultó tras una papelera y después arrancó a correr playa adelante.
no tardamos mucho en comprender que se trataba de un TopManta que intentaba zafarse de los agentes de policía que debían andar por allí y avisar al mismo tiempo a otros compañeros que intentan vender sus mercancías a lo largo del paseo...
Y me dieron pena, una gran pena. Quiere una darles dinero, comprarles todo Eso no puede ser La mayor parte de los beneficios van a parar a manos de las mafias que los explotan.
Llegaron más jóvenes negros Algunos caían por el lado de la playa más o menos a la carrera Otros cruzaban el paseo o se desperdigaban entre la gente a corre prisa. Hasta que aquello se convirtió en una cacería que se desarrollaba ante nuestros ojos impávidos e impasibles por ser algo demasiado habitual: una vergonzosa caza del hombre, del hombre negro
Me fui a casa sin comprar ningún abalorio como tenía previsto hacer. Una no sabe qué hacer. Sólo sé que la cena me sentó mal.
Aquí, por cierto, un top manta blanco Gente preocupada por al situación de estos chicos y chicas que se desmarcan con una iniciativa original



