:: Picasso machista ::

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En este cuadro desnudo, hojas verdes y busto, de Picasso que ha batido todos los récords de precio por una obra de arte dejando atrás a los lirios de Van Gogh y el adusto caminante de Giacometti, el pintor se interpretó a sí mismo contemplando a su joven musa. Se llamaba Therese. La sedujo estando casado con Olga Koklohva. Entonces Therese tenía diecisiete años y el pintor cuarenta largos. Ella le amó después de haber sido "apartada" Le acompañó en la sombra hasta su muerte y se suicidó a continuación.

Como en todas las obras de los genios, el morbo hace subir la cotización. Y Picasso junto con algún otro como Caravaggio o Artemisia Gentileschie, bate todos los récords.
Se ha hablado mucho de su relación con las mujres. Muchos han querido presentarlo como un barbaazul pero yo creo que era un don Juan. Picasso era un Don Juan que se movió por París. Tuvo más de cien amantes. La mujer siempre pierde ante el chantaje del amor. Y mucho más aprisa en París donde el amor es religión.
Picasso las cazaba al vuelo en plena ciudad, las encerraba en su jaula y después las liberaba cuando ellas ya no querían salir después de haberlas pintado, amado y vaciado. Guardándose para él un tesoro plasmado en sus lienzos que le hicieron famoso y rico. Ninguna cobró por desórdenes psicológicos después de convivir con Picasso. Ninguna una pensión de invalidez total después de haberse sometido a las retorcidas exigencias del artista. Tuvo suerte con la época que pilló. Con las leyes actuales una sola de ellas lo habría desplumado de por vida.

Una parte de la historia de estas mujeres, la que interesa al mundo del arte y las subastas, quedó expuesta en sus rostros, sus rictus de angustia, desesperación, crispación, frustración, éxtasis... son cuadros psicóticos de algún modo. Capataba al modelo en pleno sufrimiento, pintándolas desde todos los ángulos posibles, retorciendo el modelo una y otra vez, con la brutalidad del artista que persigue el momentum y mientras el retorcimiento conceptual crecía en sus obras, su alma y su cuerpo parecína rejuvenecerse. Yo Picasso, solía decirl, no moriré nunca. Y así lo parecía: fuerte, arrolador, prolífico, seductor. Ningún alma de piedra vino a importunarle nunca.